CAPITULO V (Recomendaciones)
¡Ay! Mi buen peregrino;
quien tu pena pudiera consolar.
Tan sólo Aquel que todo lo ve
es capaz de entender
todo lo que a ti te ocurre
y tu inmenso penar.
¡Modérate peregrino!
¡Sosiega ya tu andar!
Pues, del modo que caminas
te será difícil llegar.
quien tu pena pudiera consolar.
Tan sólo Aquel que todo lo ve
es capaz de entender
todo lo que a ti te ocurre
y tu inmenso penar.
¡Modérate peregrino!
¡Sosiega ya tu andar!
Pues, del modo que caminas
te será difícil llegar.
Piensa con serenidad,
si es verdad que te ama,
ella te esperará.
Que el amor cuando es sincero
lo aumenta la soledad.
si es verdad que te ama,
ella te esperará.
Que el amor cuando es sincero
lo aumenta la soledad.
CAPITULO VI
(El milagro)
(El milagro)
Un lugareño contaba,
de Ponferrada era el tal.
Que en los Montes de León
una noche invernal
un lobo hambriento,
se las hizo pasar mal.
Dicen que fue el Apóstol,
quien del mismo lo libró
que lo llevó en el viento
hasta una construcción,
donde los perros ladraron
y el fiero cánido huyó.
El peregrino camina
ya vacila en su andar,
son las fuerzas de su cuerpo,
que apenas le restan ya.
Cuando salió de su casa
era un risueño zagal,
ahora después de los días
y su largo caminar,
nadie sospecha su edad.
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