22 feb. 2007

SOLAMENTE QUIERO DAR LAS GRACIAS



Hace unos días, alguien me preguntaba:
¿Por qué cuando sales de viaje algún sitio, siempre vas a caminar mientras la gente “normal” va a visitar ciudades, monumentos, obras de arte, etc.?
Mi respuesta fue hacerle las siguientes preguntas:
¿Hay alguna obra de arte más bella y más diversa que la Naturaleza?
¿Hay alguien mejor creador y mejor artista que Dios?
La verdad es que hace tiempo que deje de interesarme por el románico, el gótico, el barroco, plateresco, rococó, etc. Hace ya algún tiempo, me dejó de interesar la pintura y mucho más el arte moderno. Que no digo yo, que no sea bonito verlo, pero mi ignorancia no me permite disfrutar de ello y por ello prefiere la libertad de la Naturaleza.
Creo que si tenemos tiempo libre, debemos disfrutar de todo aquello que nos rodea y el arte creado por el ser humano también merece nuestra atención.
Pero ante todo y por todo,  me quedo con el sendero que hiende un bosque de robles, de hayas, de pinos…
Me quedo con el sendero que atraviesas una dehesa de encinas, de quejigos, alcornoques...
Me quedo con el polvoriento sendero que se pierde en el verdor del olivar.
Me quedo con la vereda que se funde en la inmensidad y la soledad del páramo.
Me quedo con la vereda que haciendo eses y más eses me lleva hasta lo más alto del cordal y me permite ver la belleza de un horizonte sin final.
Me quedo con la silueta del buitre, del águila, etc. volando por debajo de mí cuando consigo llegar a la cima de la montaña.
Me quedo con el trinar de los pájaros cuando barruntan la primavera y cortejan a las hembras en la espesura del sotobosque.
Me quedo con el canto de la alondra por las mañanas al salir el sol en los barbechos, con el trinar del ruiseñor por las tardes entre las zarzas cuando la noche va extendiendo su sombra por el campo..
Me quedo con el murmullo del agua del arroyuelo en medio del hayedo, donde solo se escucha el cantar de la corriente y el crujir las hojas secas bajo las suelas de mis botas.
Me quedo con el lindo amanecer en las llanadas castellanas, y con las puestas de sol en la costa mediterránea.
Me quedo con el sonido metálico que produce las gotas de lluvia al caer en las hojas del bosque caducifolio en el otoño y me quedo con los cambios de tonalidades de dichos bosques en las otoñadas.
Me quedo…
Me quedo con toda la belleza de los senderos de mi Patria. Senderos que necesitaría varías vidas para poder hollarlos.
Por ello, por tanta y tanta belleza regalada quiero dar las gracias.
Yo daré las gracias a mi Dios al que tengo por creador al artífice de tan magnífica y perfecta obra que es la Naturaleza.
Y creo que vosotros y cada uno de vosotros, deberéis dar las gracias a vuestro Dios se llame, como se llame. Tal vez sea Ala, Buda, Jesús, Iahveh… Quizás sea un dios creado a vuestra conveniencia. Qué más da, la cuestión es demostrar vuestro agradecimiento por tan magnífico regalo.


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