3 abr. 2007

EL CAMINO ESE SER DESCONOCIDO CAPITULO I


EL CAMINO I

El Camino siempre que llega a un lugar
se detiene, y espera impasible
la llegada de algún caminante.
El Camino no sabe andar solo.
El Camino no es nada, ni nadie,
sin los caminantes.
Cuando alguna persona entra en el Camino.
El Camino lo acompaña en silencio,
adoptando una disposición de escucha y de espera.
Espera; a que el caminante,
quiera abrirle su corazón para escucharle en silencio.
En un silencio silente, al mismo tiempo activo.
En este estado, realizaran la jornada de andadura:
El caminante abriendo su corazón para encontrar su paz
y el Camino en esa escucha activa y la vez silenciosa.
El Camino es un buen interlocutor.
El Camino sabe muy bien escuchar.
El Camino cuando llega a un lugar;
sea este ciudad, pueblo, aldea, etc.
Mira siempre a través de puertas y ventanas.
Puertas y ventanas que encuentra abiertas a su paso.
En los humildes hogares,
ve a familias enteras sentadas a las mesas,
dispuestas a degustar los alimentos
que sobre las mismas están expuestos.
También, ve a las familias frente al televisor
disfrutando con sus programas favoritos.
Ve a las gentes sentadas en las terrazas
de los bares en el verano,
degustando los caldos de su tierra,
charlando y haciéndose participes unos a los otros,
de sus ilusiones, de sus proyectos, de sus problemas,
de las anécdotas del día, etc.
Si es invierno, ve a las gentes sentadas
en los salones de los cafés,
al calor de los braseros alimentados con picón.
En dichos salones pasan las tardes del frío invierno,
mientras ven a través de los empañados cristales
de los amplios ventanales, sin visillos,
los montes con sus senderos nevados,
la lluvia corriendo por los mismos
convirtiendo a los senderos en pequeños arroyuelos.
Ven como el viento Cierzo deja desnudo los árboles
y con las hojas de los árboles,
recubrir los senderos con un mullido tapiz.
El Camino es un buen observador.
El Camino observa y calla,
en espera de nuevos horizontes despejados.
El Camino comparte las ilusiones,
las alegrías, las penas y tristezas
de aquellos que viven a la vera del Camino.
Cuando en los inviernos los senderos se cubren
con la capa blanca de la nieve.
El Camino se esfuerza por mantener
abierto los senderos para que
el caminante llegue sin tardanza a su hogar
donde le esperan los suyos.
Si esto no fuese posible, el Camino se detiene,
se queda junto al caminante
para hacerle compañía hasta que los senderos
estén expeditos y ambos reemprenden, la andadura.
El Camino es el mejor compañero de andadura.
El Camino nunca abandona a un amigo.
Cuando en las primaveras llegan
los primeros rayos de sol y con ellos el deshielo.
Es ese el momento en que los cauces de los ríos
no puede soportar su caudal.
El agua sale de su cauce buscando nuevas aventuras,
inundando riberas, anegando campos sembrados,
destrozando senderos, arrastrando todo aquello
que se ponga en su camino, etc.
El Camino acompañará a la corriente
hasta que esta, entrega su díscolo caudal al mar,
volviéndose salobre y amargo,
cual lágrimas del apenado caminante.
El Camino nunca abandona a un amigo
en los momentos amargos de la vida.
El Camino llorará contigo, cuando tu llores
y tus amargas lágrimas serán su bebida.
Cuando en verano, los rayos de sol caen implacables
sobre los senderos haciendo difícil el andar del caminante.
El Camino, solicita la ayuda de los árboles sus amigos y vecinos.
Que presten su sombra y protejan con ella al caminante:
El Camino en los tórridos veranos,
siembra los recodos del sendero,
con fuentes de agua fresca,
que su amiga el agua le cede
desinteresadamente.
Fuentes de agua fresca
con la cual calma el ardiente sed de los caminantes.
El Camino siempre está pendiente del caminante.
Cuando los otoños entran en el Camino.
El Camino ofrece al caminante los frutos de los árboles,
de las vides, de los bosques. Con ellos el caminante
calmará su voraz apetito y al mismo tiempo
va cubriendo los senderos poco a poco
con una alfombra de hojas muertas,
hojas de las que se van desnudando los árboles,
sus fieles amigos.
El Camino provee al caminante
de todas las comodidades de las que le es posible.
El Camino siempre va con las estaciones
y hace que estas, estén siempre
a disposición de los caminantes.
El hombre sin el Camino, no hubiese sido nada.
El Camino ha sido y será, portador de noticias (buenas y malas),
traerá y llevará cultura, sabiduría, adelanto, etc.
De un lugar a otro. Anunciará la Paz,
y también, como no, por desgracia la guerra...
Por el Camino vendrá lo bueno,
aunque también lo malo.
¿Qué seria del ser humano,
si no hubiese existido el Camino?
Quizás aún seguiría en las cavernas.
Por el Camino, caminaran,
ayer, hoy, mañana y siempre
las ideas, de los seres humanos
de un lugar a otros, sin detenerse,
ni conocer jamás frontera alguna.

El Camino y el ser humano,
deberan seguir caminando juntos. ¡Siempre!

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