23 oct. 2008

TERCERA EDAD



TERCERA EDAD

Son veleros que navegan por mares;
de hormigón y de cemento.
Son unos barcos que no llevan
derrota ni rumbo cierto.
Navegan por océanos de aceras
al amparo de los inclementes tiempos.
No enarbolan bandera alguna,
ni gallardete señero.
Su enseña no tiene tibias,
ni cráneo que atemorice al viento.
Por bandera nos muestran una sonrisa,
por credenciales; la blancura de su pelo.
No encuentran, un puerto donde atracar
ni una cala para guardarse del viento.
Van de una costa a otra,
de una plaza a un encuentro
y cuando llegan a un parque
donde encuentran el sosiego
se ponen a recordar,
a recordar los recuerdos.
Y recuerdan otros mares
y rememoran otros tiempos.
Y sueñan con otros días
y narran todos sus viejos recuerdos
y se dicen a sí mismos
que volverán a tenerlos.
Porque tienen ilusiones
y esperanza en el tiempo.
Cuando miran alrededor,
es cuando arrían sus velas
y dejan su ancla dentro
y ya no esperan mareas
ni añoran sus viejos vientos.
Viento que les lleve a otros lugares
para anclar en otros puertos.
La tarde se va marchando
los estorninos volviendo
a dormir en los magnolios
de los parques del recuerdos.
Una acera y otra acera,
un paso, con el semáforo abierto,
unas luces de neón
y un gran almacén que lleno
va devolviendo a la calle
lo que el guarda muy dentro.
Una chiquilla que espera
al pícaro jovenzuelo,
los dos marchan riendo
sin mirar para el abuelo.
El marinero que vuelve
a la soledad del puerto.
No sueña con un mañana
no tiene; un horizonte halagüeño.

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