16 may. 2010

VIDAS PARARELAS

MI RÍO Y YO

Mi vida ha sido un río
que junto a mi caminaba.
Ambos nacimos dormidos,
ambos para despertar al alba
nos tuvieron que abrazar,
a él le abrazo la tierra
a mí mi madre del alma.

Mi río nació escondido
entre rocas y entre mirtos
en lo alto la montaña,
y yo en tierras muy llanas
tierras estériles, pardas
y de la mar alejadas.

El río en sus inicios
dudas tuvo de vivir,
y de seguir caminando
o esconderse de sí.
Mientras que yo
en mi infancia
me caía y levantaba
aprendiendo a caminar
andando sobre una manta.

El río cogió impulso
y empezó a progresar
entre cárcavas y peñascos,
entre bosque y barrancos
desde la nieve hacia el mar
queriendo todo arrollar.
Yo era en esos momentos
un caballo desbocado
muy difícil de domar,
en mi plena pubertad.

Mi río llegó a su valle
y calmó su vendaval
y se volvió generoso
compartiendo con los hombres
sus riquezas y su caudal.
Y mientras que esto ocurría
yo pasé mi pubertad
madurando e intentando
una familia crear.

El río siguió su curso
transformando en un tesoro
su generoso caudal,
calmando la sed del campo
para que diese su pan.
Y yo viviendo mi vida,
con mi familia en mi hogar.
Fueron días muy felices
que pude yo disfrutar
también con sombras y luces
que debimos capear.

Con el paso de los años
el río llegó hasta al mar
perdiendo su identidad,
en un momento muy ingrato
dejó de ser un río
para convertirse en mar.
Yo al final de mis días
no soy ni río ni mar,
solo soy un hombre anciano
que pretende no estorbar.

Sentado en la ribera
contemplo del río su andar
mirando hacia el horizonte
donde se abanica el mar
y busco entre las olas,
olas que vienen y van
al río, mi viejo amigo
que un día se hizo mar.

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