6 ago. 2011

MONOTONIA DE AGOSTO

TARDE DE PLAYA
Tarde de playa, tumbado en la arena
al parecer el sol no tiene prisa,
lento camina con paso tardo.
Cuelga su luminaria del infinito.
Cuando el ocaso llega, no tiene prisa
y sin embargo vuela.
Extraño proceder, extraño caso.

El astro rey a la montaña
con calma sus rayo la friccionan
y sus luz radiante la ilumina,
abrasa la tierra de la sierra y esta,
grita, pidiendo esa lluvia,
que siempre tarde llega.

El sol no quiere abandonar la tarde,
pero la noche puntual a su cita llega.
La solitaria playa con el sol sueña,
y sus olas van y vienen,
con movimiento lento,
con ese mono ritmo
que él solo recuerda.

La arena no es nada,
solo grano y más granos,
solo dunas y más dunas,
solo sombras y más sombras
donde se mece el balanceo de palmeras.

Un velero hiende el mar
con su afilada orza
que cruje y se lamenta
con su voz lastimera.
Es el mar el que está herido
es la quilla quien se queja.

El mar está en calma,
las olas sueñan y una gaviota
rompe la tranquilidad aquella.
Grita, como si en su grito se le fuese
su vida y su alma la abandona y la deja,
mientras ella baila en las crestas de una ola.
Baña su plumaje en la espuma,
en la espuma que asemeja caracolas.

El mar en calma y la playa sola,
sus palmeras se balancean y nadie,
nadie las contempla.

Una ola viene y otra ola se marcha,
y en la orilla queda, solo;
arena mojada y dunas formadas
por vientos marinos
que empujan la playa.

Las palmeras erectas esperan
la brisa de ese mar en calma
que las balancea.

El mar, ese mar que mueve
sus olas, con tal parsimonia,
con dormida calma,
unas que se alejan y otras que se acercan.

Nadie acude a él, nadie con él habla.
Mientras el mar grita su voz son las olas,
las olas más bravas, gaviotas quiebran
la brisa marina, arena en la playa.
Gaviotas navegan, palmeras se mecen,
las olas se marcan un ritmo
que vienen y luego al instante marchan.


Tarde de estío, callada y calma,
tarde de agosto tumbado en la playa.
Tardes de siesta, soñadoras y a la vez,
tardes que duermen de pesada calma.

Mientras adormezco,
contemplo mi mar y yo me recreo
en mi solitaria cala, miro las palmeras,
palmeras que danzan,
y olas que vienen y luego se marchan.

Esa playa mía donde la arena duerme,
las palmeras mecen y acunan la brisa,
la brisa marina que refresca y muere,
el alma del mar en las olas viene.
La solitaria playa permanece, siempre.



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