9 nov. 2011

EL RELOJ DEL TIEMPO, JAMÁS PERDONA

Tras de mí el camino se queda desierto
y en sus orillas, despojos pudriendo.
Con indiferencia los miro,
y aunque yo los miro, no reparo en ellos.
Son; los viejos despojos de aquellos recuerdos.
Recuerdos, que no hace mucho tiempo conmigo vinieron.

Desagradecido soy, qué poco me acuerdo yo,
ahora de ellos.
De aquellos días felices, que un día se fueron. 
Cual felices éramos. Qué días aquellos, 
en los que mirábamos la vida riendo.

Ya no quedan días, en el reloj del tiempo,
tampoco ya existe, el largo futuro de aquellos momentos.
Tampoco nos queda, dilación en el tiempo.
Nos queda; un corto futuro, vivir cada día el
justo momentos. 
Nos quedan también, los bellos recuerdos.
Nos quedan aquellos momentos. Las viejas 
nostalgias de días tan felices que ya se nos fueron.

Recuerdos bonitos, nos quedan;
pero ningún sueño.

Yo, no quiero vivir solo de aquellos recuerdos 
y mientras que me quede, un poco de aliento
y queden senderos por los montes esos,
y queden, alegres riachuelos y vistosas hayas, 
y los robles viejos y ásperas aulagas 
que interrumpen sueños, y tiernos helechos
que tapizan suelos.
Seguiré caminando, andando por esos senderos.

Prefiero quedarme en algún recodo de cualquier sendero,
que vivir, vivir tan solo, muy solo, muy solo,
solo de recuerdos.


Dedicada. A todos y cada uno de los muchos que me han acompañado en mis salidas al monte y por una causa u otra han dejado de acompañarme. A todos y cada uno de ellos mi agradecimiento y decirles que siempre que vuelvo a recorrer alguno de los muchos senderos que un día recorrimos juntos, rememoro cada uno de aquellos momentos.

1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

Hola Rodri: ¡Es hermoso! En el, se encuentra, dolor tristeza y resignación.
Ese no poder hacer nada para que nuestros seres queridos, familiares o amigos, estén siempre con nosotros y los tenemos que dejar partir y quedamos solos.
Pero tenemos que volver a soñar, a crear nueva ilusiones, y volver a encontrar a quien brindarle nuestro amor y soñar que nos aman.

Eva Margarita