28 abr. 2012

SINTOMAS


DEMENCIA SENIL

De nuevo me siento ante ti, mi mesa de pensar,
 de nuevo intento y no puedo recordar. 
Recordar de nuevo.
Por qué una vez y otra lo intento, 
porqué una vez y otra nada ocurre. 
No vienen a mí mis recuerdos.

Las gentes corren por las calles. 
Creo que caminan, mas yo los veo correr, 
nadie se saluda, nadie se aparta para que el otro pase. 
Bueno si, alguien, un viejecito 
que lleva un bastón en su temblorosa mano, 
un bastón que dudando apoya en la acera. 
Él, si se aparta para dejar pasar, 
él, si los mira a la cara, 
e incluso intenta un adiós balbucear. 
Mas nadie se detiene con él hablar.

Y yo en mi ventana sigo sin poder recordar, 
me gustaría escribir mis recuerdos, 
pero, como digo; soy incapaz de recordarlos.

Me canso de mirar a la calle 
y cambio mi mirada y contemplo el mar. 
El mar, mi mar, en él sus olas vienen y van 
unas golpean las rocas, 
otras se pierden en la arena 
y después vuelven al mar 
y a lo lejos las gaviotas chillan, 
vuelan, se posan sobre la espuma de las olas 
y de nuevo, de nuevo vuelven a volar. 
Las gaviotas, las gaviotas, ya se van. 
Miro atentamente al horizonte 
y veo un velero navegar, 
sus velas cazan los vientos que le hacen avanzar, 
el mar, el velero, el viento unos sin los otros 
no son nada, nada, solo barco, viento, mar. 
Y el velero se pierde en el horizonte ya 
y yo sigo mirando por mi ventana 
intentando recordar.

Cambio mi vista hacia un parque, 
donde los niños juegan, 
donde los padres leen 
donde palomas vuelan 
y los enamorados buscan 
un rincón en la floresta 
donde poderse besar.
Qué tiempos aquellos cuando yo era joven, 
qué bonitos eran?, mas yo, 
no puedo recordarlos siquiera.
Un niño corre tras su pelota, 
y otro juega cerca de la fuente 
de agua muy fresca, se moja 
y su madre no se entera, 
charla animada con otra madre despreocupada.
En el quiosco venden las chuches 
también la prensa y alquilan 
a niños y a los mayores las bicicletas. 
Quién ya pudiese recordar 
aquellos días pasados de primavera.

La tarde cae sin que me dé cuenta 
y las farolas de la avenida 
poco a poco se van encendiendo 
y alumbrando las aceras de charol, 
de charol por la fina lluvia de primavera. 

¿Quién pudiese, recordar? 
Si yo recordar pudiera, 
me gustaría recordar 
aquellas mis lejanas primaveras.

La noche ya ha caído, 
alguien con mucho mimo 
me retira de la ventana,
me sienta en mi sillón, 
pone sobre mis piernas una manta 
y enciende el televisor. 
Y con cariño me mira 
y en su mirada triste 
intuyo una sonrisa a la vez
triste y a la vez de resignación.
Y yo me siento a mirar
mirar sin ver, hacia el televisor 
y sin poder recordar.
Si no puedo recordar. 
¿Para qué quiero mirar?

1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

HOLA RODRI.
ES MUY HERMOSA LA POESÍA QUE HAS ESCRITO. PERO MUY TRISTE... DEMASIADO TRISTE... ESTOY LLORANDO, NO SE SI POR MI O POR TI.

NO QUIERO SENTIRTE TRISTE,

UN GRAN ABRAZO DE TU AMIGA,

EVA