12 may. 2012

SOLEDAD IMPUESTA

 AUSENCIA
Me despierto en la penumbra de mi habitación 
palpo la sabanas de mí alrededor y las noto frías, 
faltas de calor, en el ambiente huelo aún tu perfume,
el aroma a ti que todo impregno.

No sé cuando me dejaste, no sé cuando abandonaste mi habitación, 
no mire el reloj, el frío en mi cama me dice que el tiempo paso.

Que ingrata es la soledad cuando no se la desea, 
qué difícil es superar la soledad cuando esta es impuesta.

Mi cama vacía, mis sabanas frías, madrugada desierta, 
tú te has marchado, cerraste la puerta me dejaste solo en mi habitación, 
las calles despiertan. Es; la aurora que llega y tú ya te has ido, 
soledad impuesta.

Soledad impuesta, recogimiento obligado, 
desiertos  no caminados, paramos esparramados 
en las tundras desoladas castigadas por las brisas 
que las recorre y las mina, sin pausa pero sin prisa 
sin un rincón abrigado, de esa fría ventisca. 
Mis sabanas frías, muy frías cuando te has marchado.

Mi corazón y mi mente, no entienden de soledades, 
soledad no deseada. Soledad que veces ansió.
A veces yo deseo estar a solas, para ordenar mis momentos,
que mi corazón ahogado lo recupere ese tiempo, 
otras muchas veces busco, el bullicio y la algarada 
para alegrar las mañanas y olvidar aburrimientos.

Hay soledades encubiertas, hay momentos en tu vida 
y en mi vida, que estando acompañado la soledad es completa.

Yo necesito el silencio. Yo deseo estar a solas para escucharte reír, 
para oírte decir, que me quieres y me deseas, para sentir el latir 
de tu corazón henchido por el amor imbuido y muy pegadito a mí.

Es esta mi soledad. La soledad que deseo y no siempre se presenta.

Silencio, soledad, ausencia… tres situaciones bonitas 
si uno así lo desea.
Soledad, silencio, ausencia… tres momentos insufribles 
si a ti, te han sido impuestas.

Tú dejaste mi cama vacía, mis sabanas frías.
Tú recobraste tu libertad y quizás también tu paz
y lo hiciste a mi cuenta. 
Necesitabas espacio y tú te abriste mi puerta, 
y si saliste por ella, por ella entro en mí, esa soledad impuesta. 
El silencio y la ausencia, que nunca yo desee 
y por tu obligada ausencia, a mí me fueron impuestas.

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