30 sept. 2013

LOS SUEÑOS DE UN ...

... MARINERO




Se desliza la quilla del barco quebrando el azogue 
del abra serena que apenas despierta con sus olas quietas 
que una vez y otra besan la arena y sin decir adiós, 
se alejan, se alejan.
Sereno, suave el casco se hunde en el azul cielo 
dejando un reguero de espuma y de brisa y de gaviotas,
en el horizonte el azul turquí carente de nubes la mañana muestra,
en la alta atalaya donde el mar se estrella, tras ella;
se oculta el lucero, la mañana llega.
Una gaviota recorta su vuelo cerca de la vela del grácil velero 
dueño de este mar, de este cielo, dueños de este viento.
Con sus velas caza la brisa y los sueños.

La luna mira, mira fija hacia el puerto 
para ver de nuevo a su marinero.
Marinero de cabellos rubios color de cerveza, 
de ojos azules, azules turquesas, 
con torso desnudos sus manos son gruesas 
las bendicen callos de tensar las cuerdas 
que izan las velas que cazan los vientos 
con los que navega y caza los sueños, 
con los que él sueña.
El marinero canta, canta ajeno a la luna, ajeno a las olas 
que incansablemente golpean el casco una vez y otra.
Apareja el barco pues la mar le espera, 
le esperan otros países lejanos, otros puertos ya soñados, 
otros mares que aún no se han navegados, 
otras tierras que nunca se han visitado. 
Él es un nómada del mar carente de patria, 
carente de tierra, completo de sueños,
y falto de paz.
Su patria es su barco, su casa, su tierra y
su heredad es la mar salobre, su mejor caudal 
la brisa que sopla que caza sus velas y lo hacen llegar
de un puerto a otro puerto de un mar a otra mar.

La luna se esconde tras la peña aquella, 
la brisa se mueve, se rizan las olas 
se adornan de espumas y de caracolas 
y una vez y otra las olas se acercan a la arena, 
la besan, la dejan su espuma como una ofrenda 
y después se alejan para retornar.

El velero suelta sus gruesas amarras
y por la bocana abandona el puerto, 
sortea las olas y se ciñe al viento, 
los vientos y las velas se aman, se quieren, 
se abrazan se pliegan…
En la caña unas manos firmen le marcan el rumbo, 
al velero, el rumbo certero hacia nuevos mundos,
hacia nuevos puertos. 

El mar, mi mar ahora despierto, 
ve como cabalga la quilla las olas,
mira, como rompe su espejo el velero 
que cruza errante los mares lejanos buscando luceros, 
buscando otros cielos con soles fulgentes 
que alumbre sus sueños.
El marinero sueña, con otros mares, con otros puertos,
con otros cielos, con nuevos sueños…

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