ADIOS, GABO.
Se quedó dormido,
como en sus sueños
él
lo había vivido.
Él ya deseaba vivir otros sueños
y para lograrlo marchó a Macondo,
su pueblo de ensueño.
Ese pueblo donde solo viven
los que se quedaron dormido
en el sueño eterno.
Gabo estaba cansado
y ya no quería seguir
escribiendo
y se quedó atrapado en su lindo sueño.
En silencio, como lo había descrito
en
todos sus textos.
Sus textos escritos,
a sus putas tristes,
a sus años yermos,
a la anunciada muerte,
a vivir la vida, la vida consciente.
Se nos marchó Gabo,
se fue para
siempre
y quedo un vacío,
un vacío inerte.
A las rosas amarillas
no hay quien las
consuele,
se les fue su amigo,
su fiel pretendiente.
Hay un gran vacío
desde que muriese,
tan
grande es el vano,
que no hay quien lo llene.
Se marchó el maestro,
se marchó,
el
colombiano prudente,
se marchó él solo
y
con él se fue
un gran premio Nobel.
Se marchó el hombre
que fue lo que
quiso
y lo quiso siempre.
Lloran ya los libros
y tristes sus
autores,
se rompió el espejo
donde se miran
los que aún pretenden ser,
grandes escritores.
Gabo, tú que estás
donde hoy tú escribes
en
papel de nubes,
con plumas de ángeles
con tinta invisible
de tonos azules.
Donde hoy las musas
contigo
conviven
escribe tú tus sueños
y que no se olviden.
Se marchó un genio,
se marchó para
siempre
y quedaron huérfanas
las letras de oro,
los sueños de un hombre
muy sabio y prudente.

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