8 dic 2014

5ª PARTE. POEMAS DEL 2014 PARA LEERLOS EN 2015



LA GOLETA
 LLUEVE

Escuché en la madrugada aunque yo dormía 
escuché y me parecía que sobre las tejas la lluvia caía. 
Era primavera y la melancolía corría en mi cuerpo, 
corría por mis venas, la hipocondría de la primavera.

La melancolía de la primavera es la savia nueva
que irriga mi vida, que inunda mi corazón,
que mina mis fuerzas es la primavera
que invade mi ser, con su savia nueva.

En las primaveras en plantas y en árboles 
corre por sus troncos una savia nueva 
que todo lo invade y como una fiera 
que es acosada huye, huye, huye
trayendo a la vida a las hojas nuevas.

Llovía; y mi corazón sin verlo sabía, 
que llovía,
mientras yo dormía la lluvia de abril caía, caía
suave caía la lluvia sobre los tejados,
las calles vacías, asfaltos mojados,
las aves cubrían sus nidos con sus finas alas
de plumas esponjadas y muy calentitas.
Ellos protegían de la fina lluvia a sus tiernas crías.

En los vastos campos las flores 
de la primavera estaban cerradas, 
tristes y apenadas por falta de sol,
mientras que la lluvia que por sus tiernos tallos
sutil resbalaba para irrigar la tierra aún fría.

Una gaviota estaba posada en el palo más alto
de una goleta que estaba amarrada
y suavemente al compas de las olas se balanceaba. 
La gaviota mirando hacia el mar gritaba y gritaba 
más que un chillido era un lamento 
de un ser herido que se lamentaba.

Esa gaviota miraba la entrada de puerto
por donde se marchara su barco velero
con sus mineros mientras faenaban. 

Puerto triste y solo, desde que marchó 
el velero con sus marineros el ancla izó
sus velas al viento buscando otros mares, 
buscando otros amores en lejanos
en remotos puertos. 

Mientras enfilaban la bocana del puerto
los marineros miran hacia el puerto 
donde se observaban como flameaban 
los blancos pañuelos que reconocieron. 

En aquellos rostros de piel requemada 
por agua salada y por finos vientos 
se vieron surcar dos lágrimas sueltas 
que se confundieron con gotas de lluvias 
que estaban cayendo.

Aquella goleta que tan marinera surcaba los mares
y cazaba vientos se fue diluyendo en el vasto mar, 
ya no se veía desde el malecón que guarda el puerto
donde el velero cobijo encontró.

El hueco vacío donde antes estuvo el barco velero, 
las olas lo lame, suave, suave, como no queriendo 
borrar sus recuerdos.

Llueve sobre el campo, llueve sobre el mar,
llueve sobre el puerto y la gaviota se marchó volando 
buscando, buscando quizás otros barcos,
quizás otros marineros, quizás otro mástil en otro velero.

El mar está triste, los vientos remisos, 
el sol aún no se ha visto se esconde, 
se esconde de tras de la lluvia   
que sigue cayendo con la parsimonia 
de la monotonía que traen estos tiempos.

En el horizonte ya no se divisa ni velas,
ni barcos, tan solo la brisa encrespar las olas
que rompen muy lejos, lejos de la orilla.

El puerto vacío, la mar hoy tranquila, 
los campos floridos de la primavera,
en una palmera yo he visto posada 
a la gaviota que se fue hace tiempo 
surcando los mares tras una goleta.

EL PINAR
LA VIDA SIGUE 


¿Has visto María como se recorta 
el sol en la mañana tras esa palmera, 
ves como las nubes se agarran con fuerza 
a los altos montes sembrados con peñas?

Parece María que el día ya despierta 
que su luz inunda las negras tinieblas. 
Donde antes estaban sembradas penumbras 
sombras que todo lo ocultan que todo lo encierran, 
ahora con la luz del día la alegría impera.

Las aguas del río corren, saltan, cantan y juntas
una vez y otra, golpean y se estrellan 
contra el tajamar de la dura piedra
que divide el agua bajo el viejo puente
de argamasa y piedra.

Observa María las lentas carretas 
que arrastran los bueyes por la cuesta aquella, 
transportan los troncos de pinos del monte, 
los pinos que han sucumbido bajo el cruel filo
de las hachas con corte y bajo la vil sierra
hachas asesinas, sierras crueles y violentas.

María observa, ves, como el pinar 
llora y se queja al ver alejarse 
sus troncos tumbados sobre las carretas,
es un funeral triste de tercera.
Lloran las carretas bajando del monte
con su carga muerta.
Lloran las carretas mientras que los bueyes
con la parsimonia desciende del monte. 

Los pinos María dejan en el monte 
aunque hayan muerto su aroma de siempre, 
el aire huele a limpio, tiene la presteza
de vida latente y en aquel osario de troncos
que mueren aún la vida late aunque no lo creas.

De los troncos muertos sus lágrimas brotan. 
Los troncos talados sangran en sus heridas, 
la sabia de vida que nunca, nunca jamás cierran.

¿María, tú también respiras la densa tristeza? 
Que hay en el bosque donde solo quedan 
esos troncos muertos que las hachas dejan, 
dejan cubierto el campo de esqueletos muertos,
y el ambiente lleno de olor a tristeza.
Las brisas del bosque, esas brisas frescas
están muy inquietas, 
no encuentran los pinos con los que jugaban
en las primaveras.

El bosque está muy triste en él se oyó 
el rugir del hacha que al tronco acecha, 
se llevó con ella los troncos de los pinos 
que bajan al pueblo en lentas carretas
las sierras se murmuran cuando destrozan
los troncos de pino que al cielo elevan las copas
de erectos pinos que en el suelo lloran.

Canta el carretero y lloran los ejes junto con las ruedas 
y con la aguijada azuza el boyero a las lentas bestias.

María amada mía, veo en tus ojos 
lágrimas asoman por los troncos muertos 
lágrimas que son perlas. 
Yo, amada mía sé que tú añoras a esos pinos viejos 
que sombras nos daban y que conocían secretos de vida.

María, no mires más hacia el camino, 
no llores y canta no escuches los gritos, 
ni llantos, ni quejas que dejan en el aire 
los ejes sin grasa, las ruedas inquietas,
de lentas carretas que bajan del monte
los troncos de pinos que dejaron el bosque
cual tierra quemada, cual la tierra muerta.

María, mañana cuando sea primavera 
en ese pinar habrá vidas nuevas,
habrán germinado las nuevas semillas 
que los pinos muertos dejaron escondidas
para renovar sus vidas perdidas.

María, amada mía, la vida sigue y no se detiene
donde hoy hay muerte mañana habrá vida, 
la vida seguro, seguro que la vida vuelve.


RECUERDOS
MI NIÑA, MI ÁNGEL

Era una chiquilla bonita y risueña, 
con sus ojos grandes, con sus ojos negros, 
oscuros y profundos como las cavernas, 
sinceros muy vivos color de azabache
eran en su rostro dos negras cerezas.

Era una chiquilla con media melena, 
con su rostro terso como las ciruelas, 
su nariz cortita y muy respingona, 
sus labios carnosos eran una fresa, 
sus pómulos rosas color de amapola,
sonrisa perpetua y su piel morena, 
sus dientes de perlas en perfectas hileras
hacían de aquel rostro toda una quimera.

Era una chiquilla que todos querían 
ella era alegre y su alegría nos la transmitía, 
era la alegría de todas las fiestas 
y su sola ausencias; tristeza traía.

Una noche triste con la luna nueva 
se marchó mi niña, se marchó, 
me dejo muy solo con la negra pena.
No, no, no se fue de fiesta,
ni fue a una verbena,
se fue con los ángeles donde no hay 
tristeza, ni existe pasaje de ida y vuelta.

En silencio ella se fue apagando, 
como una pavesa que de entre las llamas 
se escapó volando y quedo tendida
sobre el lecho blanco lleno de tibieza.

Se quedó dormida, tendida en su alcoba, 
mi niña bonita se fue con los ángeles 
y murió muy sola.

Se quedó dormida sin decir palabra, 
se quedó muy quieta, se quedó callada, 
nunca se quejaba, nunca dijo nada, 
su rostro de niña, de niña muy guapa, 
reflejó la paz, la paz que mostraba. 

En su rostro bello de niña tan guapa 
quedo para siempre descrita la calma
que en ella reinaba, le quedo una mueca
que era una sonrisa simulaba.

Se marchó feliz y se fue en silencio,
callada sin prisa espero el momento.

Mi niña bonita, mi niña chiquita, mi perla morena, 
la que siempre fue, luz y alegría de todas las fiestas. 
Una noche negra se fue con los ángeles 
que sin avisarle vinieron por ella 
y ella se marchó una madrugada 
con la luna nueva que el cielo ocultaba.

Mi niña no ha muerto, mi niña me espera, 
me estará esperando hasta que yo quiera, 
con esa sonrisa que muestra su cara, 
con sus dos bracitos que ahora son alas.

Mi niña en su corta vida, en sus pocos años 
fue la más feliz, fue la alegría de eterna sonrisa. 
Ella fue luna en las noches claras 
y la luz del día que todo alumbraba.

Si en verdad hay gloria, gloria para los santos 
mi niña bonita, sin lugar a duda la está disfrutando.

No lloro, no lloro, jamás he llorado, 
pues mi niña guapa se hubiese enfadado.
Cuando quiero hablarla al viento yo hablo, 
y escucho en el viento su voz y su canto,
también yo escucho esos cascabeles
que es su risa, cuando ellos se mueven.

En el cementerio junto a su tumba 
he sembrado un árbol para que se posen 
las aves del campo y que con su canto
acunen a mi niña que estará soñando.

Mi niña bonita se marchó en silencio sin decirnos nada, 
sin tener tiempo para despedirse de los que ella amaba,
sin decirnos adiós ni darnos un beso 
y dejar sellado sus dulces, sus bellos recuerdos.

Mi niña bonita nos dejó el recuerdo 
de su bello rostro, su cuerpo pequeño,
su voz melodiosa, su dulce sonrisa 
y el tacto suave de sus dos manitas.

Todo ello quedó, quedó para siempre
en nuestros recuerdos en toda la vida.


SOY, COMO SOY
Y, NO HAY MÁS.

Me gustaría decir lo que siento
sin tener que hablar 
y expresar mis sentimientos
que dicen siempre verdad.

Me gustaría poder escribir
sin tener que usar bolígrafo, 
ni papel emborronar, 
ni decirle a un teclado
lo que yo quiero contar. 

Me gustaría escribir sin tener
una pantalla 
donde tener que leer 
lo que mi corazón dice 
y mi mente está, deseosa de exponer.

Me gustaría poder pensar
sin que en ello,
yo mi tiempo emplear. 
Me gustaría, me gustaría
poder decir lo que siento, 
si con ello otros se sienten en paz, 
pues en paz yo ya me siento.
Me gustaría:
sin tener porque hablar.

Yo, escuché o me pareció escuchar, 
lo que nunca yo pensé
que tuviese que escuchar. 

Interpretaron de mí,
opiniones que yo nunca escribí, 
palabras que nunca dije
y jamás puedo decir, 
pensamientos que no tuve
y jamás podré tener,
solo busco para otros,
lo que para mí; me gustaría tener.
¡Quizás!, quizás no fue así,
la verdad es que no lo sé, 
pero tampoco deseo yo de nuevo,
otra vez yo recaer. 

No, no quiero yo escuchar,
lo que dicen que yo dije, 
lo que quizás quise decir,
lo que otros dicen que dije.
Me gustaría poder explicarle al viento,
lo que pienso sin tener yo que pensar,
lo que quiero decir sin tenerlo yo que hablar,
lo que quiero escribir sin tener yo que usar, 
el lápiz, el bolígrafo, la pluma, el teclado…

Me gustaría soñar sin tener yo,
que mis ojos cerrar.

Pero a pesar de que nada de esto 
yo lo puedo hacer, 
me siento feliz, me siento en paz,
y puedo dormir, y puedo soñar 
y vivo feliz, y vivo;
inmerso en mi paz.

Soy, yo soy muy feliz,
tan feliz como lo es el que más.
Y creo que hago feliz
a todo aquel que cerca de mi está.
Soy, como soy y como tal me deben aceptar, 
como yo acepto a todo aquel
que junto a mí quiere estar.

Soy austero, sencillo, sincero y a veces 
hasta un poco, digamos; puñetero.

Me gusta mucho la verdad
y también la sinceridad, 
me gustan las cosas bien hechas 
y las bromas si estamos de juerga, 
me gusta mi vida tenerla ordenada, 
me fastidia que alguien me dé la patada, 
soy amigo de mis amigos
y respetuoso con todos los demás. 

Jamás llego tarde a una cita, 
me gusta ser muy puntual, 
me gusta ser siempre el primero, 
el primero en los malos momentos 
y el primero también en los buenos.
Perdono fácilmente los errores primeros, 
pero no me gusta que se vuelva 
una vez y otra a errar de nuevo.

Acojo al que llega nuevo,
como a un amigo viejo,
no me gusta echar de mi lado a nadie, 
más si ellos se van porque quieren, 
seguro, seguro que nunca jamás 
los llamare de nuevo,
más si ellos vuelven,
para mí jamás se habrán ido, 
solo habrá sido un paréntesis
en este camino.

Cada uno debe ser libre para decidir,
con quien sus momentos
quieren compartir.

Soy, como soy y me gusta 
y si debo yo sé perdonar, 
más no me gustas la hipocresía, 
las simplezas y la vanidad. 
No me gustan los halagadores, 
tampoco me gustan 
los carentes de personalidad, 
de ellos si puedo me alejo,  
o los digo adiós al pasar.

Soy feliz, tengo amigos y mi tiempo 
está completísimo. 
Yo no puedo pedir nada más. 
Sé que hay otras vidas mejores, 
más plenas, más cómodas, 
más, más y más. 

Pero a mí nunca me han importado, 
si yo nunca las pude lograr 
ni intente a ellas siquiera llegar.

Cada mañana cuando yo despierto 
y contemplo la luz a través del cristal 
doy gracias al Dios de los cielos 
por permitirme disfrutar un día más,
tan solo, tan solo un día más.

No lo sé, quizás sea que la primavera 
que con ella ha traído esa savia nueva, 
que como en el árbol corre por mis venas, 
quizás sea verdad, quizás sea; 
esta primavera, que me hace sentir la 
felicidad, casi, casi plena.

Yo, soy, como soy. Y no hay más.


AMOR MÍO TÚ ESPERA.

Espera, tú espera que la luna esté en plenilunio, 
que de luz a las noches y alumbren los caminos 
los caminos que acercan a nuestro amor 
al lugar donde tú y yo, nos reunimos, espera.

Espera, tú espera que el cielo esté limpio, 
que el azul del cielo al sol dé cobijo 
y las nubes se encuentre muy lejos, 
muy lejos de nuestro nido de amor; 
mi cariño.

Espera, espera tú cariño a que un día 
de abril de nuevo llueva 
y el agua que los campos riegan, 
que cubren de verdor los campos, 
y a los desiertos yermos y baldíos. 
Espera amor mío a que la lluvia resbale
por tu lindo rostro, como corren las lágrimas 
por el rostro puro y tierno de un niño.

Espera que el invierno pase 
y el trino alegre de los pájaros anuncie, 
que el invierno ya sea ido, 
que la primavera los verdes campos 
ha sembrado de alegres margaritas, 
de rosas hermosas y coloridas, 
de lirios vestidos con terciopelos finos.

Entonces amor mío la primavera 
estará contigo y quizás conmigo.

Cuando las tardes caigan 
y la brisa que llega de los ríos 
traigan entre sus alas los aromas 
de jazmines, de las jaras, cantuesos, 
madreselvas, romeros, espliegos 
y el olor salobre de ese mar bravío
llegue a tu ventana el monótono ruido
del chocar de olas en el malecón.

Entonces amor mío es que está contigo, 
contigo y conmigo está el estío.
Cuando a ti te asusten las tormentas, 
que rasgan el aire de las tardes quietas
sus graves truenos, fulgentes culebrinas
que cruzan tus cielos.
Cuando en los campos sus frutos maduros
se mezan en las ramas. 

Cuando las hojas de los árboles se vistan de ocres, 
de rojos, de amarillos gualdas.
Entonces, amor mío el otoño está en tu sitio.

Recuerda, tú recuerda que cada estación 
llega sin decirnos que ella llegó.


AMOR MIO NO ESPERES.

No esperes esta noche ver a la luna,
quizás esta noche sea noche de luna nueva, 
y aun estando ahí cerca de ti en tu cielo, 
tú a la luna no la veas, tu luna esté durmiendo
soñando con sus bellos camafeos
de luceros y de estrellas.

No esperes a que las nubes 
te dejen ver el azul del cielo. 
No esperes ver el sol que todo alumbra, 
quizás hoy, hoy las nubes sean
tu techumbre. 

No esperes que hoy llueva 
y esa lluvia tenue y cálida de primavera 
moje tu rostro bello, tu esbelto cuerpo
lo empape de primavera. 
Quizás la brisa fresca hasta ti traiga
olor a tierra mojada, ese olor que embriaga.

No esperes a que el invierno acabe,
y con su fin la primavera llegue 
y a ella acompañe el trino de canoras aves, 
y las flores cubran los verdes campos, 
que las hojas retoñen en los desnudos árboles 
y esas hojas nuevas de cada primavera 
a los bosque rescaten de su durmiente muerte. 

No esperes, tú no esperes 
a que la primavera llegue, 
las primaveras tardas,
siempre se demoran 
cuando las nieves perezosas 
en las montañas son remolonas.
No esperes a que el verano 
con su ardores caliente el ambiente
y en las largas tardes del estío 
traiga hasta ti las brisas frescas
de arroyos y de los ríos, 
con las aromas de azahares, de romero, 
de enebro, de los tilos. 
Aromas que envuelven los sentidos 
los aromas de jazmines, madreselvas, 
y que las noches largas sean frescas. 

No esperes poder dormir en el estío
y en tus sueños creer que tú, cariño mío;
podrás soñar conmigo.

No esperes, tú amor mío 
que el otoño traiga hasta ti 
con sus primeras lluvias, 
con todo su sereno colorido, 
con sus frutos maduros 
colgando de las ramas, 
sus frutos en sazón,
madurados con el sol del estío. 

No esperes tú amor mío, 
volver a enamorarme, 
no hace falta cariño.
Mi amor y mi cariño son; 
y siempre lo han sido, 
amor mío, todos, todos tuyo.


EL SILENCIO...
... A MÍ ME HA DICHO.

He escuchado al silencio
llamando en mi ventana 
cuando las sombras de la noche
se escondían con el alba 
y a la voz de los vientos
saludando a la mañana.

He escuchado tu voz
la que tus sueños me narra 
y transforma esos sueños
en unas dulces palabras 
y tus palabras en poesía
que en tus versos declamas,
esos versos dulces de poesía
que dicen la verdad claman, 
la verdad, es la verdad
y es que tú, que tú a mí,
tú a mí ya no me amas.
El silencio a mí me grita
al oído en mi cama. 
Y cuando sueño él me habla
y cuando duermo me despierta
no quiere que yo descanse, 
que descansando me olvide,
me olvide de sus palabras. 

El silencio no quiere que yo te olvide, 
no quiere que yo me olvide del ayer,
ni quiere que cierre las puertas,
mis puertas, aún mañana.

El silencio a mí me habla
en su vacía morada, 
me dice en su abismo
que carece de palabras,
me dice, que lo que ayer vivimos
lo marchitó para siempre
la dejadez y el olvido. 

Me dice que el ayer,
no tendrá nunca un mañana 
y que el hoy,
que es el presente en nosotros 
está ausente sin futuro ni esperanza.

El silencio me recuerda
lo momentos que vivimos, 
los momentos que hace tiempo 
ambos dejamos a un lados
y quedaron en el olvido.

El silencio a mí me dice
que lo nuestro, 
aunque hoy no tenga sentido
si tiene para nosotros, 
tiene un amplio futuro,
un futuro de amistad 
ya que el amor,
el amor prometido para siempre,
ese amor se ha perdido en el olvido. 

Busquemos un futuro donde juntos
poder recordar momentos, 
los buenos momentos en que juntos 
tú y yo; un día vivimos y compartimos.
El silencio es mi amigo,
el silencio siempre camina conmigo. 

Si estoy alegre él ríe,
si estoy eufórico él juega
y goza conmigo, 
si estoy triste el silencio
me consuela,
si lloro el llorará conmigo. 
El silencio, él sí que es,
él es; un buen amigo.

En el silencio de mi alcoba
cuando la luz ya se ha ido, 
es el silencio de mis sueños
al que yo escucho dormido. 

Es, al silencio del alba
al que yo consejo pido 
cuando las nubes del cielo
de carmesí se han teñido. 

Es, al silencio del ocaso,
cuando el sol está vencido 
es a este,
el más duros de los silencio
al que yo, llamo mi amigo. 

Y en el silencio del ocaso
las aves, amor míos,
las aves vuelan juntas en parejas
para encontrar sus nidos.

Yo escucho al silencio,
en medio de un griterío 
y hablo con el silencio
cuando estoy aún dormido.

El silencio, mi compañero, mi amigo, 
mi consejero callado 
que pasa desapercibido
El silencio mi fiel; 
compañero de camino.

El silencio.
¿Te acuerdas cariño mío? 
Era aquel con quien yo hablaba 
cuando tú estabas a mi lado, 
cuando vivías conmigo, 
cuando yo a ti te buscaba 
y tú lejos te encontrabas
aun estando conmigo.

El silencio amor mío,
me ha dicho a mí esta noche 
que te amé en silencio,
que ya no viva contigo. 
Que lo tuyo y lo mío
se terminó hace tiempo 
que ya no tiene sentido
que intentemos aún querernos, 
que nuestro amor, amor mío,
murió en aquel silencio 
por el tedio y por el sinsentido.

Me ha dicho el silencio,
que tú y yo. 
Tú y yo, sigamos siendo amigo
aunque nos cueste algún tiempo..


PRIMAVERA EN MI PUEBLO.

Han vuelto las golondrinas
a posarse en mi ventana
y con barro hecho con lágrimas
ellas cuelgan sus nidos
de las paredes más altas.

En las calles de mi pueblo
se pasea el silencio,
solo se oyen al alba
el retumbar de tambores,
el gritar de las trompetas,
el dulce hablar del clarín
y el llanto de las saetas.

Por la estrecha callejuela
va el trono de la virgen
de la Virgen Macarena,
que va rozando balcones
y moviendo con su ímpetu,
los geranios olorosos
que de los balcones cuelgan. 

Un clavel rojo de sangre
se enganchó a su corona,
él quiere penitenciar
con la Virgen Macarena.


La Virgen se balancea
a cada paso que dan
los sufridos costaleros
que bajo el trono van.

En el silencio de la noche
se oye la voz potente,
la voz del capataz
que libra un balcón saliente,
que salva un clavel colgando
de la ventana siguiente,
y en un tramo muy estrecho
da las órdenes pertinente
para que el trono no toque
las paredes adyacentes.

Se oye la voz potente
del capataz que les dice:
¡Al Cielo con ella!
Y la Virgen se eleva al cielo,
como queriendo alcanzar
a las brillantes estrellas.

La Virgen va caminando
con su paso vacilante,
con sus candelas luciendo,
con su manto y estandartes
con su corazón traspasado
por los dardos del dolor
y en sus manos temblorosas
un pañuelo bien bordado
que las mujeres pusieron
para que enjuague sus llantos,
sus llantos que son los nuestros.
Llantos de nuestros pecados.

La Virgen cada año en primavera
va recorriendo las calles
de nuestros pueblos y aldeas.
Recorre calle por calle,
cada plaza, cada templo
va buscando a su Hijo,
que de noche lo prendieron.
Los tambores ya redoblan
es el dolor; ¡Cristo ha muerto!,
los clarines con sus dulces notas
ese dolor adormece con sus suaves notas,
las trompetas se derraman
con su llanto gritan y claman
es el llanto de un pueblo
que busca por la calle a su Mesías.

Son las lágrimas de la Virgen
de la Virgen Macarena
que a su hijo no encuentra
y ella, a la esperanza se aferra.

Desde un balcón en lo alto
se escucha el cantar de una saeta,
una letra quejumbrosa
que le dice a la Virgen,
que no tenga tanta pena,
que su Hijo Jesucristo
volverá con Gloria plena
para dirimir al mundo,
perdonando sus pecados
y venciendo a la muerte
por la que Él ya ha pasado.


La alborada va llegando,
los cirios se consumieron,
La Soledad caminando
está llegando a su templo,
la gente va en silencio
y los tambores tronando,
los clarines van;
a la aurora llamando
y las trompetas gritando
con sus toques expresando
el dolor de todo un pueblo
por las calles arrastrando.

La Semana Santa en España,
en tu pueblo y en mi pueblo,
tronos que van procesionando
por las calles van orando
los cofrades y con ellos;
todo un pueblo.

Tambores, clarines, trompetas,
olor a cera quemada,
olor a incienso que embriaga,
a claveles reventones
a esos rojos geranios,
colgando de los balcones.
Olor a romero y a tomillo
que van alfombrando el suelo
por donde pasa el trono
que transporta a la Virgen
o al Cristo, El Nazareno.

Semana Santa y sus pasos,
sus rezos y sus plegarias,
sus saetas que son la oración
que el pueblo a su Dios Jesús
y a su madre la Virgen María,
el pueblo les canta
Semana Santa, en mi pueblo,
y en tu pueblo.
Semana Santa en España
la fe del pueblo llano
que por las calles arrastra
su devoción y sus penas,
cada año cuando llegan,
las golondrinas primeras,
las golondrinas que anuncian
una nueva primavera.


La primavera a España,
trae golondrinas a los aleros
geranio y claveles en los balcones,
flores a los prados verdes,
lluvias que irrigan los campos,
llena el aire de olores
a jazmines y a romeros,
a cirios encendidos,
y ese olor a incienso que embriaga
calles y las naves de los templos. 


ADIOS, GABO.
GARCIA MARQUEZ

Se quedó dormido, 
como en sus sueños 
él lo había vivido.

Él ya deseaba
vivir otros sueños 
y para lograrlo
marchó a Macondo, 
su pueblo de ensueño.
Ese pueblo donde solo viven 
los que se quedaron dormido 
en el sueño eterno.

Gabo estaba cansado 
y ya no quería seguir escribiendo 
y se quedó atrapado
en su lindo sueño.

En silencio,
como lo había descrito 
en todos sus textos. 
Sus textos escritos, 
a sus putas tristes, 
a sus años yermos,   
a la anunciada muerte, 
a vivir la vida,
la vida consciente.

Se nos marchó Gabo, 
se fue para siempre 
y quedo un vacío, 
un vacío inerte.

A las rosas amarillas 
no hay quien las consuele, 
se les fue su amigo, 
su fiel pretendiente.

Hay un gran vacío 
desde que muriese, 
tan grande es el vano, 
que no hay quien lo llene.

Se marchó el maestro, 
se marchó, 
el colombiano prudente, 
se marchó él solo  
y con él se fue 
un gran premio Nobel.

Se marchó el hombre 
que fue lo que quiso 
y lo quiso siempre.

Lloran ya los libros 
y tristes sus autores, 
se rompió el espejo 
donde se miraban 
los que aún pretenden ser, 
grandes escritores.

Gabo, tú que estás 
donde hoy tú escribes
en papel de nubes, 
con plumas de ángeles 
con tinta invisible 
de tonos azules.

Donde hoy las musas 
contigo conviven 
escribe tú tus sueños 
y que no se olviden.

Se marchó un genio, 
se marchó para siempre 
y quedaron huérfanas 
las letras de oro, 
los sueños de un hombre 
muy sabio y prudente.


MAÑANA CUANDO TÚ DESPIERTES
MAÑANA.

Mañana cuando tú despiertes 
yo no estaré en tu ventana, 
me habré ido muy temprano 
con la luz que anuncia el alba.

Mañana cuando tú duermas 
yo no velare tus sueños, 
ni mitigaré tus ansias, 
ni espantare yo tus miedos, 
ni hablaré contigo en sueño, 
ni tendremos más encuentros
en esas noches, tus noches
tan largas como madejas
que los gatos enmarañas.

Mañana al despertarte 
y mirar por tu ventana, 
veras un cielo muy limpio 
con algunos cumulonimbos 
que anuncian que el buen tiempo,
que nuestro tiempo se acaba.

Mañana ya no leerás mis versos, 
ni soñaras más conmigo, 
ni nos verán caminar 
por la playa agarraditos. 
No veras mis gaviotas 
posadas sobre las jarcias 
de aquel velero que zarpó, 
cruzando un mar hechicero, 
que lo llevo a otro puerto,
al puerto del desconsuelo.

No veras mi rostro quemado
por el sol de la montaña, 
ni mi cuerpo sudoroso 
por las largas caminatas.

Mañana cuando despiertes 
y te acurruques en tu cama, 
veras un sobre lacrado 
encima de tu almohada.

Léelo con mucho sentido
que dentro del mismo guarda, 
un adiós, un hasta siempre. 

Ya que hasta nunca es muy largo 
y nadie sabe si acaba.
Y aunque nunca es mucho tiempo, 
nunca, nunca es; 
una palabra muy falsa.
Nunca tiene un inicio 
y nadie sabe si nunca, 
si nunca es un principio.

Si tú escuchases mis versos,
si mis versos a ti te hablaran 
lo harían con voz muy tenue,
con unas tristes palabras. 
Te dirían qué me fui lejos, 
muy lejos de nuestras playas. 
Te dirían que surqué mares, 
mares con escondidos puertos, 
con ensenadas y playas, 
te dirían que mis pies 
hollaron altas montañas, 
y recorrieron los valles 
que dentro de ellas guardan.
Qué;
todo lo hicieron por ti,
más sin ti, lejos de ti, 
yo sueño;
que un hay un mañana

Te dirían, te hablarían
mis cuatro versos de nada, 
que tú,
no me verás mañana.
 
No veras tú; 
ni mi rostro envejecido, 
ni mi sonrisa apagada,
ni mis profundas entradas,
ni veras tú;
que mis cabellos son canas.

No los veras tú de nuevo,
a través de tu ventana.

Mañana cuando despiertes 
acorrucarte en tu cama, 
y con los ojos cerrados, 
escucha tú a la mañana 
que te dirá que me he ido,
te dirá que no hay futuro conmigo, 
te dirá que no,
que no habrá nunca un mañana,
un mañana, para vivirlo conmigo.

Mañana cuando despiertes,
intenta soñar despierta 
que la mañana es muy larga
y las esperanzas son ciertas.

1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

RECUERDOS
MI NIÑA, MI ÁNGEL

ES... ¡PERFECTA! ¡SIMPLEMENTE PERFECTA!

EVA,