16 ene. 2015

LA CIUDAD IMPERSONAL

MI CIUDAD
De nuevo el día se viste de azul 
y las horas se llenan de esa armonía 
que trae entre sus horas el nuevo día.
Ya las aves cantan a ese nuevo día 
y la suave brisa recorre 
las calles de esta ciudad 
que estando llenas, están tan vacías, 
sí; vacías de esas alegrías, 
de una ciudad, ciudad feliz, 
de una ciudad armónica, solidaria y viva.

La tarde se viste de rojo 
y la brisa parece escapar, 
se escapa por entre las ramas 
de ese tilo añoso que inalterable 
tranquilo, pasmoso contempla la gente pasar,
Gente que pasa corriendo y no se detiene.
No, no se detiene para contemplar 
el cielo con su azul profundo, 
las nubes de ensueño que saben volar. 
No, no se detienen para hablar 
con la gente que pasa a su lado.
No, no se detienen para oler 
esa flor perfumada que inocentemente 
se ofrece a los transeúntes 
que muy cerca pasan. 
No; no la gente de mi ciudad 
siempre caminan ajenos 
a lo que les rodea y no va con ellos
y no se detienen para contemplar
la vida que vive muy junto a ellos,
la vida que es feliz y tiene alegría
y camina mirándolo todo sin prisa, sin prisa.

La mañana se fue, la tarde se escapa 
y las aves al atardecer vuelven a las ramas 
de los árboles de la alameda 
donde ellos duermen y la luz esperan, 
acurrucados entre sus ramas,
y quizás las aves también sueñan.
Hoy para las aves; la ciudad, 
es su morada y también la nuestra.

El río de mi ciudad ajeno y relajado baja 
mientras caminan sus aguas hablan
y besan los muros de su cauce 
que son cadenas de su prisión, 
que lo retienen, que lo apresan 
y lo contienen.
Mas él mi río, se siente libre por ello ríe, 
prisioneros son; para él la gente, 
la gente que viven en mi ciudad 
y se sienten ajenos, ausentes...

Mi ciudad es impersonal no quiere ni siente, 
no tiene corazón, no sufre, no padece, 
no siente amor. Mi ciudad está ausente.
El río habla con la gente y su dulce voz calmada, 
apenas si se detiene para escuchar la gente.

Mañana el sol volverá a ocupar mi ciudad
la brisa una vez más recorrerá sus calles, 
el río seguirá corriendo por su cauce,
el tilo impasible vera pasar a la gente.
Mañana mi ciudad también será; 
impersonal, ajena, ausente pero mi ciudad 
y mi gente.

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