22 mar. 2015

UN ADIOS


Y QUIZAS UN HOLA. 
Vi brillar un rayo de luz de luna 
en tus ojos negros, 
al igual que brillan las gotas del roció 
posadas sobre los bellos pétalos 
de las rosas blancas del jardín eterno. 
En esas mañanas de la primavera
al ser atravesadas por rayos de luz 
que del sol se escapan.

Mi corazón latió con ira y con rabia, 
yo aún no te había hablado
del adiós que estaba, 
preso en mi garganta.
Mas tú que me conoces, a mí, 
a mí corazón y a mí alma 
supiste leer en mí, 
como leen los niños en los libros del aula.
Yo no articulé palabra.

Vi llorar tus ojos, más la luna astuta 
se escondió muy rauda tras 
una nube negra que la ocultara.

Yo te dije adiós y tú, tú no dijiste nada 
y me vistes marchar por la calle abajo 
como si nada, nada ocurriera.

Han pasado unos años 
desde aquella noche.
Noche oscura y amarga. 
Han pasado unos años 
y hoy yo vuelvo a casa.

Me bajo del tren y el tren se marcha, 
un andén vacío, una estación en calma, 
no hay taxis en la calle ya las luces 
de la calle se apagan.
Es la luz del sol la que me alumbra 
en esta mañana.
El sol me saluda desde la montaña.

Le pregunto a la brisa y la brisa de ti
no sabe nada, nada.
Recorro la calle hoy como aquel día
vacía, pero hoy la luna no me vigilaba.
Hoy es la mañana de una noche fría.

Llame a tu puerta pero tú no estabas, 
tú te habías ido, muy lejos, muy lejos 
la mañana aquella que yo marchara.
Cuando yo me fui y tú me viste partir, 
por la calle aquella que en sombra estaba.

Mañana, mañana quizás 
yo de nuevo te busque.
Quizás yo de nuevo te encuentre, 
quizás aún tú me recuerdes. 
Quizás, quizás aún no sea tarde 
y tú aún me quieras, 
Quizás también me perdones
mi prolongada ausencia.
Quizás tú aún recuerdes 
mis dulces besos mis caricias tiernas.


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