1 jun. 2015

AÑORANZAS



DESDE MI VOLUNTARIA  PRISIÓN
He oído a los colorines cantarme
en lo profundo del alma 
y escuche los latidos de tu ausencia 
mi dolor y mi nostalgia.

Oí la llamada de los montes,
escuche gritar a los árboles 
y el aullar de la maraña, 
los alaridos en las rocas 
y el llorar, de los torrentes del agua.

Escuché en mi corazón 
el cantar del ruiseñor
y el trino de las calandrias.

Contemplo, desde mi cárcel voluntaria, 
contemplo los montes que me rodean, 
los senderos solitarios que en ellos sepertean.
Los senderos por donde casi nadie ya pasea. 
Los árboles que jalonan los senderos 
y sombra ofrecen al caminante 
que en estos montes se adentran.

Contemplo los arroyuelos 
que muy alegre cabalgan 
el alazán de los sueños.
Cabalga sobre las peñas pulidas 
y las piedras rodadas, 
sobre las espumas blancas 
donde se bañan los sueños, 
los sueños de la pena y la nostalgia.

Montes que miran hacia el verde valle
por donde pasean las aguas, 
que baja por los rabiones 
desde las alta montañas.
Montes que viven cerca del cielo 
y en ellos, hasta las nubes descansan, 
montes que están tan cerca de Dios 
que hasta con el mismo Dios; 
ellos cada día hablan.

En esos montes hay senderos 
ocultos entre las matas. 
Senderos que al monte suben y bajan, 
Senderos que se adentran en los bosques 
donde moran brujas, elfos, nieblas, hadas.

Contemplo desde mi prisión voluntaria
los senderos solitarios que en los montes 
moran, reinan, hablan, sueña y hasta bailan.
Y los árboles generosos que sombra dan con sus ramas 
y yo; me muero de pena de pena y de nostalgia 
al no poder disfrutarla.

Cuando un día yo vuelva a mi rutina diaria 
quizás volveré a mis montes, hollando yo sus senderos 
coronando esas cimas solitarias 
que viven entre neveros y por peñas coronadas.

Y me sentaré a la sombra de los árboles generosos  
que me ofrecerán su sombra 
para relajar mi cuerpo y recuperar mis piernas 
por esas duras jornadas tan dilatadas e intensas.

Cuánto yo echo de menos, esas montañeras jornadas
esos angostos senderos que caminan entre marañas
por los montes y montañas, pero hoy día no puedo,  
quizás sea posible mañana. Si, quizás mañana nos vemos. 

Mañana, mañana tal vez nos vemos,
si es posible y eso pasa, 
reencontraré mis senderos
esos que atraviesan los montes 
y acompañan a los bosques
y bebe en los veneros donde se bañan los berros.

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