11 nov. 2015

OTOÑO


LA HOJA EN SU OTOÑO
Hoy he visto caer una hoja 
de un chopo casi desnudo 
y después de defenderse
prentendia remontar
formando en el aire giros, 
cayo pobre e indefensa 
sobre el barro del camino.
Mientras la veía caer, 
luchando contra su triste destino, 
pensé, pensé yo en esa hoja, 
en su vida y en su limbo.

Aquella lozana hoja, 
que nació entre marzo y abril, 
aquella que vio pasar el tiempo 
desde tan alto atril, 
aquella que vio la luz impolutas
de tantas blancas auroras 
de infinitas madrugadas,
vio los bellos arreboles del ocaso
tantas tardes ensimismada
desde el balcón de su rama.

Esa hoja ha soportado 
un sol que la acariciaba, 
un sol que la daba vida 
y que a veces la abrasaba, 
ha disfrutado esa hoja 
de la brisa de la tarde 
que su piel le asedaba 
y los vientos huracanes 
que pretendían arrancarla. 

Ha soportado suaves lluvias 
que la acarician y la lavan 
y las lluvias torrenciales 
que pretenden arrastrarla, 
el granizo terco y bruto 
intentó mil veces atravesarla, 
también soporto impasible 
alguna gélida escarcha.

Esa hoja que me ha visto 
cuando por su sendero andaba, 
esa hoja que con su tremulo 
movimiento me soreia y
mi caminar acompaña.

La vi mudar de un verde tierno 
a un verdoso más oscuro 
y después, se vistió de oro puro, 
oro que le trae el aviso, 
de que el otoño está cerca
y con él; el tiempo ya es finito.

La hoja de una cercana encina 
siempre de la hoja envidió 
su belleza y su elegancia 
su porte y su distinción.
Ella es más pequeña, 
con su piel ruda y oscura, 
no hay en ella hermosura; 
ni entre ellas; 
punto de comparación.

Ella es, la mariposa fea 
que tiene sus alas cortas
y carentes de color.

Ahora, contempla la hoja 
caída sobre el barro del camino 
siente por ella una pena 
y el dolor al verla sola y herida.

Hace tan solo unos días,
la vi temblar de alegría 
al nacer el nuevo día
comprobé como reía 
con la brisa de la tarde 
cuando la oscuridad de la noche 
 sobre ella se cernía
ahora se encuentra en el suelo 
pisada y desvalida, seca, rota 
sin tersura, sin belleza y muy sola.
Su vecina, la hoja fea de la encina,
se encuentra en la plenitud de su vida.

1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

Hola querido amigo:

Ya he leído varias veces tu linda poesía. Muy triste. Pero real. Refleja la vida de muchas personas, que suben, brillan y caen y que se pierden en esa caída porque fue efímera su subida (Aunque todo en esta vida es efímero)

En cualquier etapa, de la vida, o en cualquier estación del año, la hoja o la gente, debe saber morir con dignidad y no importarle, que otra hoja, otra gente, la menosprecie.Porque seguro, esa gente, o esa hoja, que la menosprecia, no fue, ni será igual,jamás.Aunque lo intente.

Muy triste tu poesía, pero como siempre, hermosa y muy real.

Un gran abrazo tu amiga, Eva