25 dic. 2016

OTRA NOCHEBUENA

QUE YA PASA.
Otra Nochebuena que ha pasado, 
otra Navidad que ya se marcha, 
cargada de promesas hechas al viento 
quizás con muy engoladas las palabras.

Los conclaves familiares que se acaban, 
en mesas bien repletas de manjares, 
y esas sillas vacías en las mesas 
que encogen el corazón 
y constriñen el alma.
Esas sillas vacías que delatan ausencias 
quizás no asumidas muy añoradas. 
Ausencias que llenan de pena y de dolor
nuestros corazones y nuestras almas.

Comienza el ritual de cada año 
levantando las copas bien colmadas, 
encogiendo el corazón y las palabras.
Son estos los momentos en los que 
siempre vuelven a nosotros, 
los buenos recuerdos y se llenan
nuestros ojos de lágrimas.
Las miradas sobre las sillas vacías 
que dejan huecos en nuestras mesas 
y desazón y pena en nuestras almas.

Y no, no solo de aquellos que se fueron 
y nunca jamás retornaran a casa, 
también de aquellos que partieron y sus vidas 
no le permiten volver por Navidad a casa.

Los unos y los otros dejan en nuestros ánimos 
el vacío y la pena que llenan; de tristeza 
y de nostalgias 
nuestras Navidades y nuestras casas. 

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