23 ene 2019

ES INVIERNO Y...

... LLUEVE.
¡Llueve!, ¡llueve! 
Es invierno y llueve, 
quizás a la noche 
cuando todo esté en calma, 
cuando tú sueñes,
quizás, quizás hasta nieve.

Y yo preso en mi casa 
mirando tras los cristales 
donde juegan las gotas,
con sus finos toboganes 
de la lluvia que desborda
las ventanas de mi hogar.

¡Llueve! y a través de mi ventana 
veo la lluvia caer 
y por los campos correr, 
saltar en los arroyuelos 
y brillar más que un lucero 
si el sol se mira en él.

¡Llueve! el día está plomizo, 
no hay sombra en los edificios 
y vacía están las calles. 
Un perro vagabundo 
está tumbado en la acera 
mirando al perruno mundo 
que ante él se representa.

El parque frente a mi casa 
que siempre es un hormiguero 
de gente que viene y va 
que toman el sol de enero. 
El parque vacío está, 
es hoy un verde desierto 
con espejismos paralelos
y mucha agua en el suelo
que no sabe dónde va.

¡Llueve! Y mi amigo el jilguero 
aquel que cada mañana 
me despierta su canto,
cantando sobre su rama 
hoy no le oí yo cantar,
estaba con su amada 
muy juntitos 
en una tupida rama 
protegiendo su hogar.

Miro a la calle y la veo, 
solitaria y brillante 
escucho el monótono cante, 
de las canales caer.
La melancolíame invade
cuando yo veo llover.

Observo el campo vacío, 
su verdor hoy más sombrío 
no se ve su verde brío 
sus árboles alicaídos 
parecen espantapájaros 
tristes y muy compungidos.

El cielo es, plomizo oscurecido, 
ni las palomas se ven 
cruza el aire volando
se esconden en los aleros
esperando, 
a que se ilumine el cielo
para volar otra vez.

¡Llueve! ¡Llueve! 
Dejar el agua correr 
y escucha bramar el río 
que muestra su poderío 
y hace temblar 
mi corazón y mis pies 
ante tanto señorío.

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