29 mar. 2015

II. UNA HISTORIA DE AMOR...



... NO TAN IMPOSIBLE.
Han pasado los días 
y aún tú estás en mi vida. 
Eres para mí tan necesaria 
como el aire que respiro, 
como la luz del sol 
en las horas de los días, 
como el poder soñar 
en mis noches tan oscuras. 

Eres tan importante para mí, 
como es la lluvia en primavera, 
eres tú tan fiel a mí, 
como las nieves primeras 
que en otoño siempre llegan
a las montañas más altas
y en ellas por un gran tiempo 
se quedan.

Si, tú estás en mí 
y aunque yo te pidiera
que tú me dejaras, 
que de mí te fueras.
Tú jamás te jamás te fuiste, 
junto a mí has permanecido, 
aunque yo, como bien sabe, 
yo, no te mereciera.

Te dije; búscate un amor 
que de verdad te quiera. 
Búscate ese amor que te mereciera. 
Olvídame pronto que yo no merezco 
todos tus cariños, pasiones,
desvelos y sueños.

Te dije, te dije que mi corazón roto 
se niega a amarte y aunque yo lo intento 
no puedo forzarle a él que te ame 
aunque sea un poco, 
un poco; yo quisiera amarte. 

Te pedí que tú me olvidases, 
que tú no me quisieras, 
como tú me quieres 
y no es que tú me lo digas, 
lo dicen tus ojos 
que nunca me mienten, 
lo dice tu boca 
cuando a mí me habla, 
lo dice tu cara 
cuando yo te miro 
a ti en las mañanas.

Han pasado los días 
y sigues a mi lado, 
mi casa está vacía 
si no oigo tus pasos, 
por las noches en ese
silencio tan denso
escucho, como tú respiras 
y oigo en el silencio
cuando tú en tus sueños, 
hablas o suspiras.
Yo por ti, no duermo.

Me acostumbré a ti 
aunque no te lo diga, 
lo que yo creí 
que a ti me unía; era,
solo amistad, amor fraternal, 
gratitud filial...
No, no era verdad, 
lo que me decía,
yo también a mí,
a mí me mentía.

Te quiero, como nadie puede, 
quererte jamás,
en esta y en otra vida. 
No supe leer en mis sentimientos, 
no supe escribir en mi corazón 
el amor que siento. 
Lo siento amor mío el no haber sabido 
comprenderlo a tiempo 
y el haber perdido de este nuestro amor,
tanto, tanto tiempo.

Y lo descubrí un día en la calle 
que yo te vi hablando con un paseante, 
sentí que eras mía y que te quería,
sentí que eras mía y yo tuyo era, 
sentí que en mi alma había nacido,
nacido una nueva estrella.
Había germinado un amor sereno
y rogué a Dios que fuera eterno.

Tú, sí que supiste leer en mis sentimientos 
y también supiste abrir en mi corazón 
lo que estaba, encerrado y quieto.

1 comentario:

Eva Margarita Escobar Sierra dijo...

Hola querido amigo:

¡Por fin estoy por acá! La segunda parte de esta linda historia, me ha gustado mucho.

Por fin, el mozuelo, se dio cuenta,que el también la amaba.
(Cuando vio que la iba a perder)

¡Preciosa historia! La podrías escribir en prosa, o seguirla narrando en verso. ¿Que tal una tercera parte?

Yo siempre te lo he dicho.Y a veces te enfadas, ¡Eres maravilloso escritor!

Un abrazo Eva